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Horacio Verbitsky

Horacio Verbitsky es uno de los personajes más siniestros de la historia de la Argentina, no tanto por su ideología sino porque tuvo participación como ideólogo y ejecutor en la guerrilla que asoló al país en la década de 1970 y que intentó derribar al gobierno democrático de Estela Martínez de Perón.

Se sobreseyó inexplicablemente a Verbitsky en la causa del atentado contra el casino de la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal. El hecho ocurrió el 2 de julio de 1976 y produjo la muerte de 21 personas, todas integrantes de esa fuerza de seguridad, ese fue el atentado que más víctimas produjo, porque los explosivos estallaron cuando los policías se concentraban en el salón comedor para el almuerzo.

El fallo de Servini de Cubría estuvo guiado por un dictamen del fiscal Jorge Álvarez Berlanda, quien tiene experiencia en este tipo de casos porque en octubre de 1999 postuló la declaración de la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad en el caso del asesinato del general del ejército chileno Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert, por ese crimen fue condenado a perpetua el ex agente de la DINA Arancibia Clavel. ese fallo fue ratificado en 2004 por la Corte Suprema.

Pero, en el estallido del edificio de la Policía Federal, Berlanda adoptó un criterio contrario a la teoría que antes firmó con su puño, consideró que el artero ataque a la dependencia policial no podía catalogarse como delito de lesa humanidad, pues no cumplía con dos requisitos -a su entender-esenciales para esa identificación: 1) participación del Estado y 2) el Estado actuando fuera de los límites del control. Además, esgrimió que el “terrorismo nacional” difería del “terrorismo internacional”, por lo menos en lo que sucedió en la década del 70 en la Argentina, ya que fue consecuencia de una realidad diferente: gobierno de facto, discontinuidad constitucional, violación sistemática de los derechos humanos. En cambio, interpretó que el concepto de terrorismo internacional refiere a la idea de llevar la acción más allá de las fronteras y puede obedecer a muchas causas diferentes, por lo tanto, juzgó que no existe un presupuesto lógico que permita establecer la correspondencia entre actos de terrorismo y delitos de lesa humanidad.

El criterio de Berlanda-Servini de Cubría es un anticipo de la línea que adoptarán los jueces, fiscales y hasta la Corte Suprema cuando les toque fallar sobre expedientes que tengan como imputados a ex integrantes de las organizaciones guerrilleras como Montoneros, algunos de cuyos ex militantes integran el staff del gobierno Kirchnerista. No es casual, entonces, que este fallo haya beneficiado no sólo a Verbitsky sino también a Mario Eduardo Firmenich, Marcelo Kurlat, Laura Sofovich, Miguel Lauletta, Norbeto Habegger y Lila Victoria Pastoriza, en una docena de acusados en la que figuran además, Rodolfo y Patricia Walsh. Pero Verbitsky también tomó parte en otros atentados, como el que tuviera lugar contra el edificio del Comando General del Ejército Argentino en marzo de 1976, en aquella oportunidad, Verbitsky -cuyo mote de guerra en Montoneros era "el Perro"- accionó el detonador a distancia de un explosivo de alto poder colocado convenientemente en el ingreso del edificio, a los efectos de provocar el mayor daño posible.

Los resultados del operativo terrorista fueron los esperados, el conteo arrojó cuatro coroneles del Estado Mayor heridos, junto a otros 18 miembros del Ejército, entre suboficiales, soldados y agentes de civil, incluso falleció el conductor de un camión que transitaba por la avenida Paseo Colón, de nombre Blas García. Su familia -seguramente por no tener relación con grupos de defensa de los "derechos humanos"- jamás recibió indemnización ni compensación alguna. El dispositivo fue detonado a control remoto por el propio Verbitsky, quien se encontraba situado detrás de una columna sobre la avenida mencionada, punto estratégico desde el cual podía observar con detalle el escenario antes de la explosión.

El currículum de Horacio Verbitsky es ciertamente impresionante, el ahora periodista era una de las cabezas de la célula de Inteligencia de Montoneros y en 1975 participó en el copamiento del Regimiento de Monte No. 29, ataque en el cual terroristas pusieron fin a la vida de numerosos conscriptos que se encontraban duchándose o en sus camastros, Verbitsky también está acusado de haber intentado asesinar al General Juan Domingo Perón en dos ocasiones -junio de 1973 y febrero de 1974-, en la última fecha mencionada, su intención era terminar con la vida del ex presidente argentino y también con la del ex dictador uruguayo Bordaberry. Pero el temible personaje también ha sido sindicado por sus compañeros de Montoneros como uno de los principales responsables del secuestro de los hermanos Born, y tuvo a su cargo -junto con otros operativos- el envío de los US$ 60 millones obtenidos por el rescate a la isla de Cuba, dinero que el ahora desahuciado dictador cubano, Fidel Castro, siempre se negó a retornar.

En la última visita de la Primera Dama, Cristina Fernández de Kirchner, a Cuba, este dinero fue tema de conversación en la agenda, la reticencia de Castro frente al pedido de devolución de los fondos que se le hiciera, terminó por humillar a Fernández, quien en pocas palabras, había ido para tratar la cuestión de la deuda cubana con la Argentina, y en particular para reclamar el retorno de los "fondos Born".

Volviendo sobre Verbistky, lo descripto hasta aquí sería más que suficiente, pero sus andanzas se prolongan incluso hasta el copamiento del cuartel del Ejército de La Tablada, en el ataque se sindica su participación en operaciones de inteligencia sobre la base, en fechas previas al accionar de los terroristas comandados por Enrique Gorriarán Merlo, cabe recordar que los terroristas participantes -que en el operativo ejecutaron a conscriptos sin piedad- fueron indultados por el ex presidente Eduardo Duhalde, en una de las medidas más impopulares que se recuerdan de un primer mandatario argentino en los últimos años, el ex presidente Fernando de la Rúa también recibió numerosas presiones para liberar a los terroristas homicidas, pero por las razones ya conocidas no llegó a concretar la medida.

Verbitsky tiene también un lado oscuro, no conocido, personajes relacionados con el doble juego que enfrentó a marxistas contra militares en tiempos pasados, también se ocuparon de revelar ciertos nexos del ex guerrillero con la Central de Inteligencia americana, solo en esta sospecha podría explicarse tamaña impunidad, es, a este respecto, observable la doble moral del supuesto periodista, quien no se cansa de despotricar contra el imperialismo y Estados Unidos, pero que a la vez no tiene empacho en visitar la embajada americana en Colombia cada 4 de julio, para participar del cóctel celebratorio clásico que tradicionalmente se lleva a cabo en ocasión de los aniversarios de la independencia de la Unión.

El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que él mismo dirige, recibe fondos provenientes de la Fundación Ford -Ford Foundation, creada en honor al ex presidente estadounidense fallecido, Verbitsky jamás lo ha negado, la Fundación Ford fue investigada en forma independiente en Estados Unidos por supuesta triangulación de dineros negros manejados por la inteligencia americana. Finalmente, lo interesante acerca de Verbitsky tiene que ver con los relatos que provienen de sus propios camaradas, muchos de los cuales afirmaron oportunamente que "el Perro" nunca fue capturado por las Fuerzas Armadas pues había llegado a un acuerdo con aquellas para salvar su vida, a cambio de entregar a figuras encumbradas del terrorismo local, en el caso puntual del atentado que perpetrara contra el edificio del Ejército, sus ex camaradas tildaron su accionar de "cobarde", pues luego de la ejecución puso pies en polvorosa, cuando otra de sus responsabilidades era la de coordinar una salida ordenada del resto de los operativos que participaron del ataque.

Ámbito Financiero fue el único medio que refirió al sobreseimiento de Verbitsky por parte de la polémica jueza Servini de Cubría, y este detalle no es menor, pues ilustra el estado de la libertad de prensa en la República Argentina, ahora bien, la Justicia siempre aporta lo peor de sus vicios para solidificar su lamentable relación con la política. En la espinosa cuestión de sobreseimiento, expertos juristas oportunamente concluyeron que en nuestro país, la vara con que se miden los delitos de lesa humanidad ciertamente no es la misma. Al respecto del prontuario de Horacio Verbitsky, que también es periodista del impopular Página 12-, sería interesante conocer la opinión de los más encumbrados referentes de los "derechos humanos" en la Argentina, pero sería gritar palabras al viento, pues ni Hebe de Bonafini, ni Estela Barnes de Carloto, Claudio Lozano, Emilio Pérsico -comprometido en el secuestro de Luís Gerez- y otros elementos del quehacer extremista del país jamás emitirán juicio sobre estos temas, abandonados a su suerte por la "libre expresión" que tanto esfuerzo nos ha costado conseguir.

La noticia también deberá servir a los efectos de aleccionar a la narcotizada ciudadanía argentina, que pocas veces realiza un esfuerzo auténtico a la hora de comprender la calaña de que componen la dirigencia nacional y sus allegados, en este sentido, el rol de la Justicia también peca de gravedad y Servini de Cubría es uno de los íconos del estado actual de falta absoluta de credibilidad que caracteriza a la administración de justicia en la nación.

Fuente: Ámbito Financiero y El Ojo Digital Política

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Información Anexa:

HORACIO VERBITSKY necesitaba dar un ejemplo de poder para demostrar a FIDEL CASTRO que aún tenía el control de la situación, que aún era factible mantener el desarrollo de la Guerra Revolucionaria en la Argentina. El Capitán "Perro Salchicha" se fijó como meta una operación tal que le permitiese mostrar capacidad táctica ante sus "superiores". Para su realización tenía tres aliados de suma importancia al momento de reunir información y poder colocar un artefacto explosivo dentro del objetivo. (Como se recordará, el atentado mediante la colocación de explosivos era su metodología favorita de acción, dado el bajo riesgo personal que él corría, máxime si el artefacto explosivo lo colocaba otro integrante de la Organización Terrorista, asumiendo todo el riesgo que esa acción implicaba.) Recién en el año 1985 se tuvo conocimiento que sus principales informantes para la tarea fueron, entre otros, el Agente del Servicio de Inteligencia del Servicio Penitenciario Federal, Subayudante NÉSTOR CENDÓN (NG "Loli") y el Personal Civil del Servicio de Inteligencia de Ejército (fotointérprete) OSCAR EDGARDO RODRÍGUEZ (NG "Zito"), quienes prestaban servicio "en comisión" en el 4º piso del edificio de Moreno 1417 de Capital Federal.

Estos traidores "personajes", que vendían información al mejor postor, habían sido presentados a HORACIO VERBITSKY por ROXANA VERÓNICA GIOVANNONI (NG "Muñeca"), Teniente del Ejército Montonero, perteneciente al Servicio de Inteligencia Nacional de la Organización Terrorista Montoneros. De suma importancia por ser sobrina del Coronel Dotti, Director Nacional del Servicio Penitenciario Federal.

VERBITSKY logró que "Muñeca" se infiltrara como funcionaria en esa Dirección Nacional. El edificio de Moreno 1417, de nueve pisos y subsuelo, era la sede de la Superintendencia de Seguridad Federal de la Policía Federal, donde se encontraba funcionando, entre otras dependencias, el Grupo de Tareas 2, la Central de Reunión e Inteligencia y la Central de Operaciones Tácticas Antiterroristas, dependencias de reciente formación (Directiva 1/75 impartida por el Consejo de Defensa con fecha 15 de octubre de 1975, como consecuencia de lo dispuesto por los Decretos 2770, 2771 y 2772/75).

Estas dependencias tenían a su cargo la reunión de información, su posterior análisis, la realización de tareas de inteligencia complementarias, su difusión y archivo, y todas otras actividades tendientes a individualizar a integrantes, estructuras, logística, metodologías e infraestructura de la Organización Terrorista Montoneros a nivel nacional. Se canalizaba la información a través de la Dirección General de Inteligencia y la Jefatura de Seguridad Federal, que oficiaba como órgano de consulta del Consejo de Defensa en el suministro de la información necesaria para la planificación de las operaciones militares y de seguridad contra las Fuerzas Terroristas a nivel nacional, en los más altos niveles de la conducción militar. NÉSTOR CENDÓN y OSCAR EDGARDO RODRÍGUEZ suministraron a HORACIO VERBITSKY toda la información que poseían sobre las normas de restricción respecto del ingreso y circulación del personal en el interior del edificio, cuyos conocimientos se limitaban solamente a la zona a dónde ellos tenían acceso por estrictas razones de contrainteligencia —la Sala de Situación ubicada en el 4º piso de la dependencia, el hall de acceso al edificio y el comedor de personal—, y por "referencias indirectas" otras informaciones referidas a la ubicación de los Archivos, Registros e Informes, y la ubicación en los distintos pisos de los Departamentos y Direcciones Generales que más gravitación tenían en la actividad de inteligencia y operaciones desplegadas sobre la Organización Terrorista Montoneros y el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo, haciendo la salvedad de que esa Superintendencia investigaba desde 1959 a todas las Organizaciones Terroristas que tuvieron algún grado de desarrollo en el país, teniendo identificados a todos sus miembros y establecidas sus respectivas estructuras de funcionamiento.

Con esta información en su poder, VERBITSKY pudo establecer el siguiente cuadro de situación: Casi la totalidad de los Departamentos que participaban de la actividad antiterrorista se encontraban ubicados en la parte posterior del edificio, es decir, del hall de acceso y ascensores hacia atrás. En el ala ubicada sobre el frente del edificio sobre la calle Moreno se encontraba situada la Jefatura de la Superintendencia y los despachos de los Directores Generales, y algunas oficinas administrativas y de personal. En el subsuelo se encontraba el principal archivo de la Superintendencia y otros de menor cuantía distribuidos en los diferentes Departamentos.

En la planta baja, ubicado hacia el fondo, es decir, bajo toda la estructura que contenía los principales Departamentos que cumplían actividades Antiterroristas, se encontraba el comedor de personal, cuyas medidas de seguridad deberían vulnerarse para el ingreso de los artefactos explosivos. Este lugar fue el seleccionado por VERBITSKY, en razón de poseer sobre el salón dos importantes columnas que, con su ruptura, posibilitarían suponer el derrumbe de la estructura de nueve pisos ubicada sobre ese sector y, mediante otro explosivo con carga hueca y núcleo ígneo, la perforación de la losa hacia el subsuelo, logrando el incendio total del principal archivo del "aparato represivo". Archivo que había logrado "sobrevivir", junto con otros distribuidos por el edificio, a la incineración ordenada por el Dr. ESTEBAN RIGHI, Ministro del Interior del Gobierno de HÉCTOR CÁMPORA. El Capitán "Perro Salchicha" dispuso que personal de su estructura continuara con el estudio sobre el objetivo, realizando tareas de inteligencia sobre la zona, que por su cercanía con el Departamento Central de Policía exigía disponer de máximos recaudos.

Esta tarea recayó en un integrante de la Organización Terrorista infiltrado en la Policía Federal: el Agente del escalafón Comunicaciones JOSÉ MARÍA SALGADO (NG "Japonés"), Subteniente del Ejército Montonero y estudiante avanzado de Ingeniería Electrónica. La Acción Terrorista y la oportunidad de su ejecución sería decidida por la Conducción Nacional previa evaluación de los informes que le proveía el Servicio de Inteligencia Nacional, conducido en ese entonces por RODOLFO WALSH (NG Comandante "Esteban") y HORACIO VERBISTKY (NG Capitán "Perro"), a cargo de las Operaciones Especiales.

Transcurrían los últimos meses del año 1975, y otros inminentes proyectos de Acción Terrorista concentraban toda la atención del Capitán del Ejército Montonero "Perro Salchicha", luego de los atentados y ataques ya realizados que se caracterizaron por bien coordinadas operaciones de gran pericia técnica. Cada una de las Fuerzas Armadas había sufrido un golpe psicológico. Quedaba ahora desmoralizar a la principal Fuerza Federal Antiterrorista en operaciones a nivel nacional: la Policía Federal Argentina. Esta Fuerza Federal, junto con el resto de las instituciones armadas de la Nación, eran blanco periódico de ataques individuales por parte de integrantes de las Organizaciones Terroristas Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros desde tiempo atrás, produciéndole numerosas bajas mortales.

El día 3 de diciembre de 1975, el General de División (RE) Jorge Esteban Cáceres Monié, ex Jefe de la Policía Federal, que manejaba una camioneta en compañía de su cónyuge Beatriz Isabel Sasiaiñ, se disponía a atravesar en una balsa el arroyo Las Conchas, que cruza el camino que une Villa Urquiza con la Ciudad de Paraná, momento en que es chocado desde atrás por un vehículo y atacado con armas de fuego por cinco integrantes de un Pelotón de Combate de la Organización Terrorista Montoneros, el General Cáceres Monié, herido gravemente, fue sacado de la camioneta y rematado en el suelo por un hombre y una mujer jóvenes, posteriormente, los asesinos escaparon en un automóvil y con la camioneta en la que se hallaba herida la Sra. de Cáceres Monié. En la huida, los terroristas, después de recorrer aproximadamente 15 kilómetros, arrojaron a la señora en una zanja profunda ubicada a un costado del camino, posiblemente falleció desangrada, al día siguiente un lugareño, descubrió por casualidad el cuerpo, que presentaba dos disparos en el pecho.

La inteligencia para el atentado fue realizada por el Servicio de Inteligencia Nacional de Montoneros, estando a cargo de la misma HORACIO VERBITSKY. Con este asesinato la Organización Terrorista Montoneros reafirmaba su concepción del Terrorismo Estratégico como tal, aproximadamente a un año de haber reanudado la lucha armada comenzando a considerar a militares y policías como blancos legítimos, sin importar rangos ni jerarquías que ostentasen. Después del asesinato del General de División Cáceres Monié, lanzaron publicaciones donde manifestaban: "...debemos reconocer a las tareas militares como el aspecto principal de nuestra acción, basados en la concepción de que si bien la guerra es la continuación de la política por otros medios, no se puede alcanzar objetivos políticos mayores si no se posee poder militar suficiente..." (Evita Montonera Nº 11, pág. 17). Continuaron diciendo: "...todos aquellos que hayan perseguido, asesinado o explotado al pueblo, tarde o temprano, estén donde estén, tendrán que enfrentarse a los fusiles montoneros..." (Evita Montonera Nº 11, pág. 20).

Y en el mes de marzo de 1976 reafirmaron: "...los ataques contra todo representante de instituciones represivas se consideran justificados, desde el momento en que las Fuerzas Armadas tienen el mando operativo de todos los organismos de seguridad, cada hombre uniformado y armado —independientemente de su extracción de clase y de sus ideas— contribuye a la represión antipopular y es corresponsable de las atrocidades y asesinatos que comete la represión..." ( Evita Montonera Nº 12 "Tercera Campaña Militar Montonera", pág. 32-35, febrero-marzo 1976).

El 23 de diciembre de 1975 tuvo lugar la operación de mayor envergadura, por la gran cantidad de efectivos y medios empleados, que una Organización Terrorista llevó a cabo en el ámbito urbano, en esa fecha, aproximadamente a las 19:45 horas un Batallón del Ejército Revolucionario del Pueblo, atacó el Batallón de Arsenales 601 de Ejército "Comandante Domingo Viejobueno" ubicado en la localidad de Monte Chingolo, en el Gran Buenos Aires, provistos de morteros y armas pesadas. La Fuerza Guerrillera realizó operaciones de diversión y contención en varios puntos del Gran Buenos Aires.

Hubo enfrentamientos y ataques a medios de transporte colectivo en Bernal, Villa Domínico, el llamado Camino Negro, Lanús, Puente Avellaneda, Puente Pueyrredón, Puente de la Noria, Puente Victorino de la Plaza, Puente Uriburu y principales cruces camineros y rutas de acceso a la Unidad Militar bajo ataque, como ser Puente 12 y Camino de Cintura. La Fuerza Guerrillera compuesta por unos 300-400 efectivos y grupos de apoyo, tuvo 140 bajas. Entre los muertos de las Fuerzas Armadas se encontraban: Capitán Luís María Petruzzi Teniente 1º José Luís Spinassi Sargento Ayudante Roque C. Cisterna Cabo 2º de la Armada Argentina Enrique Grimaldi Soldado Conscripto Roberto Caballero Soldado Conscripto Raúl Fernando Sessa Soldado Conscripto Manuel Benito Rúffolo De esta manera culminó la idea que había transmitido MARIO ROBERTO SANTUCHO a los integrantes del Estado Mayor del Ejército Revolucionario del Pueblo, de que la única forma de sacar del estancamiento en que se encontraban sus estructuras militares, era realizando un operativo de gran magnitud, que más que buscar un resultado militar, les permitiera exhibir una imagen de fuerza, de liderazgo revolucionario, que complicara la acción del gobierno nacional, dándole la sensación de que no podía controlar la situación respecto del desarrollo de la Guerra Revolucionaria en el país.

Así, intentó llevar a una victoria necesaria a sus combatientes, en un esfuerzo por disminuir la presión sobre los mismos para darle tiempo a rearmar sus frentes militares. Esta decisión había provocado grandes disputas internas, en razón de que la mayoría de los mandos militares guerrilleros consideraban que los copamientos a unidades militares ya no tenían significado, y que se debía profundizar el trabajo político sobre las bases, sobre todo teniendo en cuenta que la mayor parte de sus dirigentes, desarrollaban sus actividades en la clandestinidad. Pese a estas objeciones hechas por los dirigentes de todas las Regionales de la Organización Terrorista, en el Comité Central, dominado por MARIO ROBERTO SANTUCHO, no se cuestionó nada, decidiéndose la viabilidad de la operación militar, MARIO ROBERTO SANTUCHO estaba obligado a cumplir los compromisos internacionales, especialmente con Cuba, herir de muerte al gobierno peronista y sacar al Ejército Argentino de Tucumán, con un operativo militar importante, que demostrase que el Ejército Revolucionario del Pueblo todavía estaba en operaciones.

La estrepitosa derrota de Monte Chingolo, marcó el inició de la definitiva derrota del Partido Revolucionario de los Trabajadores y del Ejército Revolucionario del Pueblo, porque tanto el lanzamiento de la operación, como la incapacidad para analizar críticamente el fracaso de la misma, demostró que habían perdido la iniciativa, a pesar de que continuaron a la "ofensiva", cuando la situación militar indicaba la necesidad de un repliegue estratégico. La soberbia que caracterizaba a sus dirigentes hizo prevalecer la corriente militarista y toda ofensiva necesariamente se transformaba en una acción desesperada, que los llevaría al exterminio.

El día 15 de marzo de 1976 se produjo el asesinato de Alberto Blas García en un atentado fallido contra el Comandante General del Ejército, Teniente General Jorge Rafael Videla. Aproximadamente a las 07:45 horas, un artefacto explosivo de gran poder (denominado mina vietnamita) detonó en el interior de un vehículo marca Citroën ubicado en la playa de estacionamiento del edificio Libertador, sede del Comando General del Ejército (en proximidades de la Plaza Cristóbal Colón), destrozando totalmente el vehículo, varias de cuyas partes y trozos de vidrio fueron proyectados junto con bolillas de acero, tuercas y bulones colocados en la masa del explosivo (construcción propia de la bomba) en un radio de aproximadamente 100 metros, produciéndose un incendio que se propagó a otros vehículos y resultando destrozados gran cantidad de cristales de las ventanas del edificio Libertador, del Ministerio de Economía, del Ministerio de Defensa, de Aerolíneas Argentinas y de la Casa de Gobierno.

Según posterior informe de los peritos, la bomba detonada tenía un poder equivalente a 20 kilogramos de trotyl, y fue accionada por un sistema de control remoto, la explosión se produjo en el momento en que circulaban vehículos por las avenidas Madero, Paseo Colón y calles adyacentes, y su objetivo real había sido matar al Teniente General Jorge Rafael Videla, que minutos después ingresaba a la sede del Comando General por ese lugar. Se dedujo que el terrorista que debía "marcar" la presencia del blanco —al ver ingresar unos metros antes un vehículo similar—, se equivocó e hizo la señal convenida con anticipación. Como resultado de lo acaecido, el chofer de un camión, Alberto Blas García, de 30 años, perdió la vida, alcanzado por las esquirlas de la bomba. El camión conducido por la víctima salvó providencialmente la vida de los pasajeros de un colectivo de la línea 4 que circulaba paralelo al camión.

Conforme con el comunicado oficial, resultaron heridas 26 personas: - 4 oficiales, entre ellos un coronel que perdió un ojo, - 6 suboficiales, - 5 soldados, - 6 empleados civiles pertenecientes al edificio Libertador, - 5 civiles que se desplazaban por el lugar. El atentado fue planificado y ejecutado por el Departamento Operaciones del Servicio de Inteligencia Nacional de la Organización Terrorista Montoneros, a cargo de HORACIO VERBITSKY (NG "El Perro" o "Larguirucho"), Capitán del Ejército Montonero, quién activó el dispositivo a control remoto (teleexplosor) ante una señal que le hizo un terrorista apostado en la plaza Cristóbal Colón, conforme con lo planificado por él mismo. Se encontraban otros integrantes de la Organización Terrorista en el lugar, quienes se dispersaron desordenadamente cuando HORACIO VERBITSKY (NG "Perro", en adelante "Salchicha"), luego de accionar el dispositivo de disparo, ver la bola de fuego que formó la explosión y sentir los efectos de la onda expansiva y calórica (se encontraba tras una de las columnas del Ministerio de Economía a unos 100 metros del lugar de la explosión), huyó presa del pánico del lugar del atentado, abandonando a sus subordinados a su suerte.

 

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